EN LA CÁTEDRA DE FISIOPATOLOGIA DE UDN

EN LA CÁTEDRA DE FISIOPATOLOGIA DE UDN
CON VIÍCTOR FROLOV, DECANO DE LA FACULTAD DE MEDICINA

sábado, 18 de febrero de 2017

EVOCACIÓN DE LA MICROBIOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA MICROBIOLOGÍA
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Jamás olvidaré los laboratorios de Microbiología de nuestra Facultad de Medicina. Aquellos recintos limpios con microscopios, mecheros, tubos de ensayo y colorantes eran un mundo fascinante que se abría ante nuestros ojos para soñar.
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Teníamos clases con las profesoras Valentina  Stefanovna Girich, Liubov Fiodrovna Levina y Ludmila Karpenko. Eran unas mujeres abnegadas, amantes de la docencia, la cual practicaban con mucha mística. Nos enseñaron las partes del microscopio y su manejo. Con ellas aprendimos  como colorear un portaobjeto con algún material para luego observarlo a través del ocular. En placas de Petri vimos crecer colonias de bacterias para sorpresa de nosotros, neófitos del   micromundo, descubierto por Leeuwenhoek y que  debíamos recorrer como parte de nuestra formación médica. Tras varias clases pudimos ver algunos microbios  inmóviles que alguna vez fueron peligrosos, pero que ahora  llenos de colores hermosos, estaban atrapados en un rectángulo de vidrio que extraíamos de unas cajitas de madera.
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El jefe de la cátedra era Vasili  Sylvestrovich Kiktenko, un hombre alto, calvo y  que con su voz gruesa nos daba las clases magistrales. Como casi todos nuestros profesores participó en la Segunda Guerra Mundial, y el Día de la Victoria (Dien Pobiedi, 9 de mayo de 1945) estaba en los combates de Berlín. Era especialista en leptospirosis y miembro del  Comité Taxonómico Internacional para el estudio de esa bacteria. Dirigió una expedición en el Extremo Oriente, donde descubrió un nuevo serotipo de leptospirosis. Publicó más 200 trabajos científicos y 5 libros de textos.
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Kiktenko era el tipo de investigador que arriesgaba su vida para demostrar sus teorías: una vez se autoinoculó  con material infectado con tularemia o fiebre de los conejos para experimentar en carne propia los síntomas del mal. Creo que era un romántico de la medicina experimental porque en varias ocasiones se refirió a Bogdánov, el médico ruso que murió luego de habérsele transfundido sangre de una persona padecía de malaria y tuberculosis. También habló de Pettenkofer, el científico alemán que bebió cultivos de vibriones de cólera para contrariar a Koch.
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Por las tardes podíamos ver en las canchas de la universidad a Kiktenko en traje deportivo blanco, jugando al tenis. Llamaba la atención sus rápidos movimientos con la raqueta con sus más de setenta años.
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En el examen final tomé al azar el cartón con las preguntas. Me entregaron un preparado, el cual debía colocar bajo el microscopio para identificar la bacteria o microbio que contenía. Estaba muy nervioso pero con el primer vistazo a mi lámina tomé confianza y me alegre.
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Me correspondió rendir el examen al propio Kiktenko. Sabíamos que el desarrollo de la evaluación lo definiría el vidrio que estaba en el microscopio. Esa era la primera pregunta. Le dije que veía glóbulos rojos y blancos, y entre ellos estaban unos microbios alargados con flagelos, que creía eran tripanosomas. Es correcto, me dijo; y luego entablamos una conversación que yo consideré especial para conmigo.
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No fue un trato especial para conmigo solamente; de eso me enteré después. En realidad, Kiktenko trataba con mucho respeto y deferencia a todos sus estudiantes, simples párvulos que soñábamos con obtener un título. Él, que había visto izar la bandera roja de su país sobre el humeante y humillado Reichstag, cuyo simbolismo iba más allá del fin de la Gran Guerra Patria. Él, médico que hizo expediciones para indagar y descubrir microbios, que realizó osados experimentos poniendo en riesgo su propia vida. Que era el “profiesor” con los máximos títulos, medallas y condecoraciones. Que tenía muchos libros y artículos publicados. Él, Kiktenko, nos trataba de tú a tú, para darnos confianza, para ayudarnos, para que creyéramos en nosotros  mismos.
Nuestros profesores eran sabios, humildes y magnánimos. Nos dieron una lección para toda la vida.











domingo, 12 de febrero de 2017

EVOCACIÓN DE LA HISTOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA HISTOLOGÍA
1
Las clases de histología eran muy atractivas. Estudiábamos por un atlas, diseñado por Eliseev, fundador de la cátedra. Observamos por el microscopio y dibujábamos. Elisieev, quien también fue jefe en  histología del Instituto Médico Nro 1, Sechenov,  dirigió la revista “Archivos de anatomía, histología y embriología”. Sus trabajos de investigación tienen que ver con la influencia de los vuelos cósmicos sobre las células.
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La jefa de la cátedra era Nina Aleksevna Yurina. La mayoría de las clases magistrales estaban a su cargo. Yurina publicó más de 200 trabajos científicos y un manual de histología, empleado en todas las facultades de medicina de la URSS.
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Las clases prácticas las teníamos con Adel Ivanovna Radostina y  Valentina Remizova.  Radostina era una investigadora con más de cien trabajos científicos publicados. Escribió junto con Yurina el manual de histología y embriología  con el cual estudiábamos con el microscopio. Era muy bondadosa y cariñosa en sus explicaciones. Su humildad contrastaba con sus logros académicos. Tenía un leve defecto en el cuello, el cual se mostraba ladeado. Los estudiantes le dieron el apodo de “Esternocleidomastoideo”,  el músculo del cuello que permite el giro y el movimiento lateral de la cabeza, demostrando agudeza y precisión anatómica, pero también un injusto y mordaz humor para quien sólo nos enseñaba con esmerada paciencia y comprensión. Bueno, eso es lo a uno le parece con el correr del tiempo.
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Una vez, durante una clase de laboratorio, debíamos precisar y dibujar las partes de un  órgano, mientras Remizova explicaba lo que debíamos ver para llevar al álbum con nuestros lápices de colores. Le dije que no veía con exactitud lo que ella indicaba. Inmediatamente me respondió:
-Hay que fantasear para ubicar y ver lo que se busca.
He tratado de descifrar esa frase a lo largo de los años. Ahora creo entender su significado: la ciencia no puede existir sin el arte; y más pedestremente: uno ve lo que quiere ver. Soñar no cuesta nada.

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jueves, 2 de febrero de 2017

EVOCACIÓN DE LA BIOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA BIOLOGÍA
1
 Una cátedra de la Facultad de Medicina de nuestra universidad era, y aún es, un amplio corredor adornado con retratos de científicos relacionados con la especialidad en cuestión, y carteleras alusivas a la misma. A lo largo del corredor están las aulas, laboratorios y oficinas. La atmósfera silenciosa junto a las imponentes figuras de destacados médicos nos transmitían la sensación de encontrarnos en un templo y eso nos instaba a mantenernos serios y respetuosos. Por ejemplo   la  Cátedra de Biología tiene en lugar destacado un retrato de su fundador, el profesor Fedor Talysin.
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 Talysin  fue un prestigioso parasitólogo de la Academia de Ciencias Médicas de la URSS que realizó  expediciones en el Cáucaso, Siberia y la India. Publicó   muchos libros y más de ciento cincuenta trabajos científicos.
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La difilobotriosis es una enfermedad humana causada por la tenia de los peces del género Diphyllobothrium . El fundador de nuestra cátedra describió por primera vez uno de esos parásitos, que  lleva su nombre: Diphyllobothrium strictum Talysin.  Este descubrimiento lo hizo en1932 en la Isla Olkhon del Lago Baikal.
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Las clases prácticas las teníamos con el profesor Vladimir Nakariakov. Estudiábamos genética con un libro de su autoría.  Tenía su laboratorio bien limpio y  él mismo lo ordenaba. Lo vi con instrumentos en la mano reparando algún estante o pintando una pared. Amaba la docencia.Organizaba una biblioteca sobre temas de biología en varios idiomas  y un museo.
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A Ludmila Karpenko, también profesora de la cátedra, la recuerdo siempre junto a Nakariakov en el cafetín de la facultad. Él se retiraba a una esquina y encendía un cigarrillo mientras tomaba café. En esa época aún se permitía fumar dentro de la facultad, ahora se levantó un galpón en la calle para los fumadores.
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Nakariakov era un hombre de buen humor. Una vez mientras hablaba de hexápodos, y en general de las patas de los insectos, Bienvenido  Morales, mi buen amigo de Ecuador, le preguntó si siempre esas extremidades insectiles debían ser pares. Inmediatamente Nakariakov le contestó:
-No necesariamente. Si tú le arrancas una pata a unos de esos bichitos, entonces obtendrás  un insecto con extremidades impares.
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Las clases magistrales estaban a cargo del profesor Piejov. Alexander Petrovich Piejov nació en  Ucrania. Era veterinario con un doctorado en   Ciencias Biológicas.  Participó en la segunda guerra mundial. Fue director del Instituto Experimental  de la Academia de Ciencias Médicas de la URSS. En los laboratorios de nuestra universidad investigaba los plásmidos, la estructura genética y molecular de los microorganismos y la resistencia de las bacterias a los medicamentos.
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Piejov había publicado varios libros de biología, entre ellos un manual que aún se edita. No era raro oírlo hablar de la presentación de sus trabajos en Estados Unidos, Suecia, Inglaterra, Japón y muchos otros países.
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En cada clase Piejov repetía una frase inolvidable: “La Biología es la base de todas las ciencias médicas. La medicina empieza por el estudio de la Biología. Un médico es potencialmente un biólogo”.
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Piejov tenía mucha razón, y no entiendo por qué en nuestras facultades médicas no existe una disciplina como la biología en el primer año de la carrera para hacer un repaso global de los organismos y sus funciones vitales.















sábado, 28 de enero de 2017

EVOCACIÓN DE LA BIOQUÍMICA

EVOCACIÓN DE LA BIOQUÍMICA
1
Las clases de bioquímica eran teóricas y prácticas. Las lecciones magistrales estaban a cargo del jefe de la cátedra Beriozov y los docentes Chernov y Zanin .  Beriozov abordaba cualquier tema, mientras que los otros eran especialistas en vitaminas  o en unas de las tantas sustancias de nuestro organismo como las hormonas. Las clases prácticas eran lo más parecido a un examen de laboratorio de esos que solemos solicitar a nuestros pacientes. Una vez nos tomamos muestras de sangre unos a otros para determinar los niveles de glucosa. Luego comimos algo y al cabo de  dos horas nos volvimos a medir la glicemia. En aquella ocasión todo eso nos asombraba; hoy, la cotidianidad de esos laboratorios  nos hace recordar esas clases con una sonrisa.
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Revisando las noticias me enteré de la muerte de Beriozov en el 2014. Había nacido en 1924. En los espacios de nuestra universidad se le rindió un gran y merecido homenaje antes de llevarlo cementerio.
3
Beriozov quedó en mi mente como lo más parecido a un genio. Tenía una memoria portentosa. Pacientemente llenaba un vidrio colocado sobre el retroproyector  con una hilera de fórmulas y explicaba. Luego lo apartaba, tomaba  otro y lo volvía a llenar. Su método se reflejaba en las evaluaciones: nos exigían memorizar los componentes  del metabolismo a través de sus fórmulas.
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Una vez Beriozov  escribió letras y números para demostrar la conversión de los carbohidratos en lípidos. Luego respiro hondo y dijo:
-No crean que somos más listos que los hombres del pasado. Los antiguos sabían esto aunque no conocían las fórmulas, por eso alimentaban a sus animales con harinas, convencidos de que formarían grasa bajo su piel. Así obtenían el tocino, por ejemplo.
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Había iniciado sus estudios en Matemática y Física, pero la guerra lo sorprendió y con apenas 18 años ya estaba en el frente de batalla. Al finalizar la guerra decidió estudiar medicina.
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Se llamaba  Temirbolat Tembolatobich (era de Giorgia); pero ese nombre no lo pronunciábamos   y  preferíamos llamarlo por su apellido: Beriozov (1924-2014). Participó en la segunda guerra mundial. Fundó la Cátedra de Bioquímica de nuestra universidad y fue el primero de nuestros profesores en llegar a la Academia de Ciencias de la URSS como Individuo de Número y uno de los directivos de la Sociedad de bioquímicos de la URSS.
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Se dedicó a investigar las bases moleculares del crecimiento de las células tumorales. Estudió los fermentos, aminoácidos  y encimas de los tumores malignos en humanos y animales, especialmente en las leucemias. También buscaba algún medicamento contra el cáncer. En su especialidad patentó varios trabajos originales e inventos.
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Escribió diez manuales y su libro de bioquímica, escrito conjuntamente con el académico Korovkin, era el texto oficial para todos los institutos y escuelas de medicina de URSS.
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En el 2011, con motivo de cumplir nuestra facultad medio siglo, Beriozov intervino y dijo:
-Cuando camino por los pasillos oigo que los estudiantes murmuran sobre mí y dicen: miren, allí va el profesor más antiguo. A mí lo de “antichni” me suena  a pieza de museo.
El público lo aplaudió entre risas…





sábado, 21 de enero de 2017

EVOCACIÓN DE LA FISIOLOGÍA

EVOCACIÓN DE LA FISIOLOGÍA

1
Quienes estudiamos Medicina en la Universidad Rusa de la Amistad podemos  decir con orgullo que nos nutrimos en las  fuentes más ricas del saber, herederas de las mejores tradiciones rusas en el ámbito académico, científico y cultural. Y esta afirmación es particularmente cierta en el caso específico de una disciplina: la Fisiología.
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En efecto, nuestra Cátedra de Fisiología fue fundada  y organizada por Peter Kusmich  Anojin, un adelantado discípulo de Iván Petrovich Pavlov, Premio Nobel de Medicina y Fisiología.  Anojin fue el primero en formular la teoría de los sistemas funcionales, aplicada a los procesos fisiológicos.
Antes de trabajar con Pavlov, Anojin se había iniciado como investigador bajo la conducción  de Vladímir  Béjterev  (neurólogo, fisiólogo y psiquiatra ruso), famoso en la Historia de la Medicina por describir por primera vez  una entidad nosológica que lleva su nombre: la enfermedad de Béjterev (espondilitis anquilosante), morbo parecido a la artritis reumatoide, pero con el factor reumatoide negativo.
Anojin tomó parte en la guerra civil rusa que se inició luego de la Revolución de Octubre  en 1917. El encuentro con el comisario Lunacharski lo marcó para toda la vida. Esa vez le manifestó al jefe revolucionario su deseo de estudiar el cerebro humano para “entender el mecanismo material del alma humana”.
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A finales de la década de los setenta del siglo XX, cuando cursé Fisiología, la cátedra la dirigía Anatoli Vitalievich Korobkov. Era el encargado en la Academia de Ciencias de la URSS para el estudio de la fisiología del deporte, jefe médico para la preparación de los equipos de la URSS participantes en los juegos olímpicos y directivo de la UNESCO.
Pero sinceramente y con mucho respeto debe decir que sus clases magistrales no me gustaban. Korobkov era monotemático: hablaba preferiblemente de la fisiología del deporte, materia en la que se destacaba y era un gran maestro.
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En 1981 el jefe de la cátedra era Nikolai Agadzhanián, estudioso de los cambios fisiológicos durante los vuelos cósmicos  y uno de los médicos de Yuri Gagarin, el primer hombre es salir al espacio.
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Las clases prácticas en el laboratorio eran muy interesantes.  En la cámara de Goriaev contábamos glóbulos blancos y rojos. Medíamos la hemoglobina  con el hemoglobinómetro de Sahli.  Trabajamos con ranas, sapos y ratones. Repetíamos algunos experimentos para buscar, por ejemplo, los capilares que una vez encontró Malpighi. Otras veces venían unos técnicos y nos hacían demostraciones con perros o conejos.
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Recuerdo  a las docentes   Inna Vlasova Y Sofía Chesnokova por la manera paciente y amena de explicar los complicados temas de la Fisiología en el laboratorio, en cuyas mesas estaban colocados manómetros, microscopios y otros aparatos. Los manuales y libros con los cuales estudiábamos eran de la autoría de nuestros profesores.











sábado, 14 de enero de 2017

EVOCACIÓN DE LA ANATOMÍA

EVOCACIÓN DE LA ANATOMÍA



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 La cátedra de anatomía  de la Universidad rusa de la Amistad fue fundada por el profesor Demetrio Zdanov, Individuo de Número de la Academia de Ciencias Médicas de la Unión Soviética. Al mismo tiempo Zdanov, quien fue presidente de la Asociación Internacional de Anatomistas, dirigía la cátedra de anatomía del Instituto Médico de Moscu Nro 1, que lleva el nombre de Sechenov, precursor de Pavlov en las investigaciones del sistema nervioso.
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En la entrada de la cátedra hay un cuadro de la Lección de Anatomía del Doctor Tulp , de Rembrandt. Arriba del mismo una inscripción: “Aquí los muertos ayudan a los vivos”. Luego están tres auditorios o salones con mesas de mármol para colocar el cadáver. Con sólo dejar el documento de identificación uno podía retirar réplicas de huesos para llevar a casa y estudiar. En el sótano está la morgue propiamente. Entramos a la clase no más de siete personas con un cadáver. Pero las lecciones magistrales son para todos, se hacen en un anfiteatro amplio y son dictadas por Nina Vasilevna Krilova, una señora gorda pero muy alta, enérgica y dinámica. Una vez se me acercó, me acarició el afro y me dijo: es mejor que un gorro para protegerse del frío.
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Uno recuerda con gratitud a Enma Mujanovna, Pavel Matievichi, Vera Pavlovna, quien hacía investigaciones sobre trasplantes de órganos; Iskrenko, siempre seria y estricta;   Krivski, uno de los organizadores de la morgue y quien solía encender un cigarrillo en cada “pirirrif” (recreo).
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En las pruebas, Kopeikin, un profesor joven, acostumbra hacer un corte con el bisturí en cualquier parte del cadáver y preguntar repentinamente el lugar anatómico que seccionó. En una ocasión Vera Pavlovna,  reprendió a alguien que colocó su gorro invernal sobre la cabeza de un modelo plástico del cuerpo humano. ¡Tenga usted una conducta acorde con su condición de futuro médico, el cuerpo humano es sagrado, respete!, le dijo. Vera Pavlovna también en una defensa doctoral pidió aplazar al aspirante porque el mismo, según ella, trataba irrespetuosa e inhumanamente a los perros en los experimentos.
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Cuando me correspondió preparar unos músculos, en cuanto hice un corte una pelotita de grasa saltó hasta mis labios. Escupí y dije unas palabrotas. Emma, la profesora me llamó la atención por las supuestas groserías. Me defendí negándolas. Entonces me espetó: “no mienta, que por lo menos entiendo del español las mentadas de madre”.
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Una vez Yura, un estudiante ruso  y que siempre estaba deprimido, en una lección con el cadáver de una anciana, observó en el mismo, en un muslo, cerca de los genitales un tatuaje en forma de corazón con un letrero: “Sergio, te amo”. Desde ese entonces Yura andaba más  pensante, más lúgubre y mascullando que vivir es muy triste. Se dan cuenta – dice – la vida es nada, todo se acaba. Esa mujer amó, y ahora está aquí, desnuda bajo nuestros cuchillos. Con el tiempo le diagnosticaron esquizofrenia.
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Estudiábamos anatomía con el libro de Prives . Mikhail Grigoryevich Prives era un anatomista  del Instituto de Medicina  de Leningrado I.P Pavlov, cuyos manuales se usaban en todas las facultades de medicina de la URSS.  Pertenecía al grupo de científicos   encargados de investigar los cambios en sistema cardiovascular durante los vuelos cósmicos.
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El Museo de Anatomía tiene dos pisos. Alberga exposiciones, preparados en formol y huesos de todas las partes del cuerpo humano. Hay una galería de retratos con los más destacados hombres en la historia de la anatomía. Las vitrinas tienen al lado mesas y sillas para estudiar. En el museo hay también colecciones de embriología, antropología y placas de rayos X relacionadas con la anatomía. Iskrenko dirigía los trabajos de disección entre los alumnos y seleccionaba los mejores preparados para dejarlos en las vitrinas .Yo solía entrar a ese recinto con respeto y en silencio como si estuviera en un templo.
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Estuve hurgando en mi biblioteca y sólo encontré un folleto de Krilova sobre miología. Tenía varios de esos libritos, que para mí n un gran valor sentimental, pero los he ido perdiendo de mudanza en mudanza.

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Muchos años después regresé a Moscú y visité la Facultad de Medicina. Fui al museo, entré  a la morgue y visité uno de los salones donde teníamos clases. Allí estaba un grupo de jóvenes con sus batas y gorros blancos rodeando a su profesor. Sobre la mesa de mármol  estaba un cadáver, iluminado por la gran lámpara del techo. Sobre un estante se podían ver  varios atlas y un libro. No precisé si el manual era el de Prives. Ahora hay muchas obras extranjeras traducidas al ruso, como el de Anatomía y Fisiología de Faller.
Pedí permiso y les dirigí unas palabras. Les dije que hace tiempo estuve en este  recinto y estudié anatomía con la misma emoción como ahora lo hacen ellos, emoción que ahora se ha transformado en gratitud y  nostalgia. Me escucharon con mucho respeto y sonrieron para una foto.
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Ahora asocio algunas lecturas con la anatomía. El médico y poeta alemán Gottfried Benn, luego de haber realizado 200 disecciones,  transformó su experiencia anatómica en obra poética. Su primer libro “Morgue y otros poemas” (1912)  rompe con los esquemas estéticos de la época. Su producción poética trata de la muerte, la putrefacción.


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     “Quien no se conmueve ante el dolor humano no tiene entrañas. Quien no filosofa frente a un cadáver no tiene  entendimiento”. Esa frase de Letamendi parece signar la obra de muchos poetas.

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 José  Antonio Ramos Sucre en su poema  deslumbrante  “El Cirujano” nos recuerda la vital función de quienes ya no tienen signos vitales:

   “Yo estudiaba la anatomía bajo la autoridad de Vesalio y me encaminaba  a aquel sitio a descolgar los cadáveres mostrencos. El maestro insistía en las lecciones de la experiencia y me alejaba de escribir disertaciones y argumentos en latín.
      Uno de los adversarios, de origen desconocido, pereció en el duelo. El registro de ninguna parroquia daba cuenta de su nacimiento ni de su nombre.
    Fue depositado en una celda del osario y yo la señalé para satisfacer más tarde mis propósitos de estudioso .Nadie podía solicitar las reliquias deplorables, con el fin de sepultarlas afectuosamente. Yo no salgo de la perplejidad al recordar el hallazgo de dos esqueletos en vez del cuerpo lacerado”.
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     A principios del siglo XIX, en Rusia, un alto representante del Ministerio de Educación exigió renunciar al estudio de la anatomía con cadáveres  “porque es abominable y contrario a Dios usar al hombre,  hecho a   imagen y semejanza del Creador, como preparado anatómico”.  En la Universidad de Kazán los preparados fueron colocados en un ataúd especial para la ocasión y enterrados en el cementerio con todos los ritos fúnebres de rigor.(Vagner, 1986). La prohibición de uso cadáveres humanos para las prácticas de anatomía se mantuvo hasta el Renacimiento, por cuanto se consideraba una ofensa a la dignidad humana. 
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Lambayecano escribió una oración para que el estudiante de medicina  recordara siempre la condición del ser que ahora sirve a todos después de la muerte.

ORACIÓN AL CADÁVER (fragmento)

Al curvarte con la lámina dura de tu bisturí,
sobre el cadáver desconocido,
acuérdate que este cuerpo nació del amor de dos almas;
creció untado por la fe y la esperanza,
de aquella que en su seno lo abrigó;
sonrió y soñó los mismos sueños de los niños y de los jóvenes.
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 En una morgue pensamos en la vida que tuvo quien ahora es el cadáver que yace bajo el escálpelo; pero también meditamos sobre la propia y hacemos indagaciones sobre el significado del existir y los sentimientos contradictorios que siempre nos acompañan. El amor siempre está presente como en el famosos poema de Fernando R. Cesteros:

ANATOMÍA LÍRICA (fragmento)

Llegamos al salón triste y sombrío,
abrimos los estuches de escarlata,
y fuimos todos, sobre el mármol frío,
poniendo el vario instrumental de plata.

Y trajeron la muerta, rebosante
de juventud, espléndida y radiosa ,
desnuda como Venus, deslumbrante
y suave como un pétalo de rosa.
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    El afamado y muy celebrado  poeta español José Hierro escribe un poema que puede remitirnos , fácilmente,  a un estudio tomográfico o angiografía , o tal vez a la virtopsia, esa forma de necropsia con técnicas avanzadas radiológicas, que permite estudiar el cadáver sin abrirlo:

LA LECCIÓN DE ANATOMÍA DE REMBRANDT-TULP

Los tiempos cambian, Rembrandt. No es preciso
romper el coco: no hay que ser violento.
Cójase un vivo, al que sin previo aviso
se le inyecta en las venas un pigmento.
El contraste ni raudo ni remiso,
llega hasta el arrabal del pensamiento.
(Los voyeurs, observando la pantalla
aplauden si el paciente se desmaya).
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Una vez atravesaba en bus turístico las calles de La Haya. Recordé que el Mauritshuis se encuentra el cuadro de Rembrandt “La lección de Anatomía del Doctor Tulp”. Evoqué mis clases al iniciar los estudios de medicina y me acerqué al guía para que me permitiera visitar el museo. Se negó argumentando que no estaba en la ruta; además, dijo: tardaras muchas horas viendo las obras expuestas en esa institución cultural. Insistí: soy médico y sólo quiero ver un cuadro. Lo convencí.












viernes, 6 de enero de 2017

NIKOLAI ALEXANDROVICH AGADZHANIAN: MÉDICO DE LOS VUELOS AL COSMOS.









NIKOLAI ALEXANDROVICH AGADZHANIAN: MÉDICO DE LOS VUELOS AL COSMOS.

Edgardo Malaspina
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   Nikolai Alexandrovich Agazhanian (1928-1914) , médico- fisiólogo .Dirigió  la Cátedra de Fisiología de la Universidad Rusa de la Amistad (1981-1998), donde creó el curso de ecología humana. Escribió más de 800 trabajos científicos y 44 manuales. Graduó doscientos  doctores y candidatos. Su libro de fisiología era manual oficial de todas las instituciones médicas de la URSS.  Su obra “Las reservas de nuestro organismo” gozó de gran popularidad en Rusia. Cuando cayó en mis manos, no podía soltarlo hasta que lo leí completo, porque explicaba cosas difíciles de manera muy amena.
2
 Lo encontrábamos por los pasillos de la facultad, serio, circunspecto, siempre de corbata. Organizó un simposio nacional sobre la adaptación, en el cual tuve el honor de participar. Agadzhanian intervino y habló de la importancia de los procesos de adaptación, a los cuales definió como un problema hamletiano: “Es el ser o no ser de la fisiología”, dijo aquella vez. Luego invitó a un conjunto de música rusa antes de empezar las deliberaciones de la reunión, argumentando que antes de un trabajo arduo es necesaria alegrar el alma para incitar las fuerzas positivas.
3
Participó en la segunda guerra mundial. Como era muy joven su trabajo consistía en recoger la cosecha de  trigo  para abastecer el frente de guerra. Apenas terminó la Gran Guerra Patria  recibió su primera condecoración por su labor.
4
Era miembro de varias academias: Ciencias Médicas de la URSS, Internacional de Astronáutica,   Medicina Polar, así como de muchas organizaciones ecológicas. Realizó estudios en el Instituto de la Aviación y Medicina Cósmica. En esta última entidad educativa  fue director (1951-1963) del laboratorio en el tiempo cuando se preparaban los cosmonautas soviéticos, incluyendo a Yuri Gagarin.

5
Sus investigaciones trataban sobre la adaptación del hombre durante los vuelos en el cosmos. Él mismo participó como voluntario en los experimentos durante vuelos. Experimentó con animales sometidos a condiciones extremas de los vuelos astronáuticos.
Viajó a la Antártida para investigar la hipoxia, la temperatura y otros parámetros fisiológicos de los  organismos en esos parajes inhóspitos. Organizó una expedición a las cuevas de Yalta para estudiar los biorritmos y su influencia en los procesos de adaptación. Era también espeleólogo.
6
Hizo una nueva definición del concepto de salud, para incluir, además de los aspectos referentes al bienestar físico, psíquico y social, lo concerniente a la salud moral.
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Creó una nueva tendencia en la Fisiología: la fisiología étnica. Ya sabemos, por ejemplo, que existen diferentes perfiles epidemiológicos y reacciones farmacológicas relacionados con las razas.
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Su mayor aporte a la ciencia está en las investigaciones en medicina relacionada con los vuelos cósmicos, por eso mostraba con orgullo dos  medallas con las que fue condecorado, entre las decenas que recibió: la de  Gagarin, el primer hombre en salir al espacio sideral y la de Koroleov, el ingeniero que diseñó la nave que hizo posible ese primer vuelo. Con ambos héroes de la humanidad trabajó Agadzanian. Por eso me siento orgulloso de haber escuchado sus clases magistrales, leído sus libros y estrechado su mano.